Y me gustan las montañas.
Y me gusta el cielo azul sin nubes.
El otro día fui al monte Naeba.
Naeba es muy famoso por sus pistas de esquí.
Ese día hacía muy, muy buen tiempo.
Yo estaba en la cima del monte Naeba.
Me alojé en una cabaña alpina.
El dueño de la cabaña alpina me dijo: hoy hace buen tiempo. Podemos ver el monte Hodaka y la Sierra Norte desde aquí. Desde aquí normalmente, aunque el cielo esté despejado, no podemos ver la montaña Hodaka ni la sierra norte. Así que hoy está muy, muy despejado.
Estaba bajo el cielo azul.
Estaba en la cima de la montaña.
Sentí la felicidad de la vida.
Y empecé a bajar.
Hay dos caminos en la falda de la montaña.
Un camino era el que había subido el día anterior.
El otro camino va a las aguas termales.
En ese lugar hay aguas termales y uno puede divertirse con las hojas coloradas.
Tuve que elegir el camino de bajada.
Primero empecé a bajar por el camino que va a las aguas termales con hojas coloradas.
Bajé y bajé, y me alejé del cielo azul.
Por supuesto, bajé y bajé, y pude sentir las hojas.
Me paré y pensé.
Pensé sobre la felicidad de sentir el cielo azul.
Pensé sobre la felicidad de divertirse con las hojas coloradas en las aguas termales.
No podía decidirme.
Bajé, me paré, pensé y subí de nuevo.
Bajé de nuevo, me paré de nuevo y subí de nuevo .
Volví a bajar, pararme, pensar y subir.
Me paré y pensé profundamente durante media hora.
Y luego pude decidir lo que me gusta más.
Lo que me gusta más es el cielo azul sin nubes.
Después, las hojas coloradas en las aguas termales.
¡Me había despejado!
Subí al cielo despejado nuevamente.
Fumio
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