El día 3 de mayo, una amiga mía vino a Shimizu. No había venido durante dos años más o menos. Ella vive en Tokio, trabaja en una guardería y tiene tres hijos: uno tiene 15 años, otro tiene 12 años y otro tiene 9 años. Por eso no podía venir tanto a la casa de sus padres.
Nos reunimos con unas amigas mías en un bar para verla. Hablamos mucho sobre los hijos, su trabajo y el día 11 de marzo, cuando hubo el terremoto.
Ese día estaba trabajando en la guardería como siempre. A las tres menos cuarto, ocurrió el terremoto. En ese momento, en la guardería los niños empezaron a llorar y los profesores se pusieron nerviosos por el movimiento del terremoto y porque se movió durante mucho tiempo.
Después del terremoto, los profesores querían que los padres de los niños los recogieran, pero no se podían utilizar los trenes ni los autobuses, además no se podían poner en contacto con ellos. Los profesores también estaban preocupados por sus familias. Por eso mi amiga y la directora decidieron que los profesores volvieran a sus casas y ellas se quedaran en la guardería porque algunos niños tuvieran que quedarse allí. Pero mi amiga tenía unos problemas porque ella tenían tresu hijos. El hijo menor tenía siete años todavía. Él no podía volver a casa sin sus padres.
Después de unas horas, pudo utilizar el móvil. Ella llamó por teléfono a su marido. Él estaba en casa porque no tenía trabajo ese día por casualidad. ¡Qué suerte! Por fin ella se quedó en la guardería hasta las 12 de la noche y volvió a casa.
Después de escuchar la historia, nosotras deseamos que no hubiera ningún terremoto grande, ¡nunca jamás!