martes, 15 de diciembre de 2009

¡Qué miedo!

Recientemente ha ocurrido que unas estudiantes fueron asesinadas.
He recordado algo: hace dieciséis años un ladrón me robo la bandolera en la que estaba mi cartera.

Esa noche mi marido no estaba en casa. Mis hijos y yo terminamos la cena y nos bañamos más temprano que siempre. A las ocho nosotros apagamos todas las luces de la planta baja y subimos a la primera planta. Cuando yo estaba leyéndoles un libro ilustrado como siempre, una amiga mía me llamó. Descolgué el teléfono de la primera planta. Después les dije a mis hijas: "Dormid, tengo que hacer una cosa abajo".

En la planta baja busqué mi bandolera, pero no estaba donde tenía que estar. Pensé que una de mis hijas había podido jugar con ella, llevarla a algún lugar y dejarla. Busqué en todas las habitaciones, pero no pude encontrarla. Involuntariamente abrí el "Shoji" (puerta corredera) y encontré que no había cerrado la puerta con llave. Por fin yo entendí que me habían robado.
Llamé a la policía.

Un día después mi hija dijo que, cuando yo había estado hablando por teléfono, había oído un sonido pequeño, como si alguien estuviera caminando con cuidado, pero rápido.

¡Qué miedo! Pero, ¡qué suerte!

ねえ、きいて!

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